Costa Rica apuesta por la continuidad y evita dar el poder al líder evangélico

Costa Rica apuesta por la continuidad y evita dar el poder al líder evangélico
Las urnas dieron la victoria el domingo al candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC, centroizquierda), Carlos Alvarado, abanderado de un discurso inclusivo y más afín al sistema político tradicional
Fabricio Alvarado, el predicador evangélico que entró en la política con el partido confesional Restauración Nacional (PRN) recibió menos del 40% de la votación en una elección en segunda vuelta que, contradiciendo las previsiones, superó en participación a la del 4 de febrero (del 65,66%). Con más del 60% de los apoyos, su adversario Carlos Alvarado quedó favorecido como la carta de respaldo al “sistema político” de Costa Rica.

Carlos Alvarado Quesada, de 38 años, se convierte así en el presidente costarricense más joven desde 1948. Aunque se presentó como representante de una generación distanciada de los partidos históricos, este periodista y politólogo debió jugar la carta de la tradición política ante la escalada del outsider Fabricio Alvarado, rostro del movimiento de base evangélica que ha ido ganando poder con el apoyo de algunos grupos de la mayoría católica y de sectores populares en zonas pobres del país.

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    Un predicador envangélico gana la primera vuelta de las elecciones en Costa Rica

Al final, el resultado electoral indica que a Fabricio, exreportero de televisión y cantante evangélico, no le bastó el discurso de “valores cristianos”, de discriminación de las minorías sexuales y de “manos limpias” contra la corrupción, a pesar del apoyo popular a estas ideas reflejado en encuestas recientes de la Universidad de Costa Rica (UCR). Tampoco fue suficiente la mala calificación popular al Gobierno de Luis Guillermo Solís, que en 2014 llevó al PAC al poder con una promesa de cambio que deja insatisfechos a muchos.

El triunfo del mal menor

“El mal menor [continuidad del PAC y riesgo de otros cuatro años de Gobierno mediocre] le ganó al mal mayor: el temor al fanatismo religioso de Fabricio Alvarado”, dice a EL PAÍS Daniel Zovatto, director de IDEA, organización que analiza procesos democráticos en América Latina. “Fabricio fue la amenaza, pero la verdadera amenaza es ahora el déficit fiscal, el aumento de la violencia y el desempleo estructural”, señala.

Mediciones del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la UCR han reflejado durante los últimos dos meses una competencia electoral muy igualada entre “los Alvarado” que se mantuvo hasta en los últimos sondeos publicados antes de la elección, pero los costarricenses acudieron en masa a las urnas y favorecieron al candidato oficialista para otorgarle una diferencia sorpresiva de 20 puntos. La participación electoral superó las mejores expectativas y alcanzó un 66,5%. La cifra es mayor que en la primera ronda, cuando participaron 13 candidatos.

El primer informe del Tribunal Supremo de Elecciones (cuya imparcialidad cuestionaba el PRN) ofrecía datos del 90% de las mesas solo dos horas después del cierre de las urnas. Fue un balde de agua helada sobre cientos de seguidores de Fabricio Alvarado que lo esperaban para festejar. Mientras, los congregados en una plaza al costado este de San José estallaron en júbilo: “No esperábamos esto. Quizás desconfiamos demasiado del país que somos”, decía al final de la noche, entre lágrimas, una joven que se declaraba ajena al PAC.

Como ella, miles de electores se sienten alejados de los partidos tradicionales, entre los cuales ahora los analistas incluyen el PAC, fundado en el año 2000. Carlos Alvarado logró atraerlos con su mensaje inclusivo de “unidad nacional” que reiteró a lo largo de la campaña con figuras relevantes de otros partidos de derecha o de izquierda y con el apoyo novedoso de un grupo llamado “Coalición Costa Rica”, creado por jóvenes mediante redes sociales después de la primera ronda electoral. Si por un lado iban como fuerza de terreno las iglesias evangélicas (seguidas por casi el 22% de la población), por otro iban grupos de voluntarios pidiendo votar en sentido contrario

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