FUTBOL EN ESPAÑA : Messi es el agitador del Camp Nou

FUTBOL EN ESPAÑA : Messi es el agitador del Camp Nou
El equipo de Valverde allana su camino hacia octavos tras un plácido triunfo ante Olympiacos, donde el '10' anotó su gol 100 en competiciones europeas Piqué, decepcionante, fue expulsado al intentar marcar con la mano
 

Hace ya tiempo que el fútbol es lo de menos en el Camp Nou. Parece inevitable. Exceptuando el Parlament, quizá no haya escenario más preciado para la reivindicación que el estadio barcelonista. Josep Maria Bartomeu está empeñado en que su Barcelona juegue a «la puta i la Ramoneta». Es decir, intentar quedar bien con todo el mundo aun sabiendo que, bien acabarás engañando, bien harás el ridículo. En partidos de corte lúgubre y de entreguerras como el del 1-O frente a Las Palmas -donde se jugó a puerta vacía- o el de Champions frente al Olympiacos, el balón, simplemente, pasaba por allí. No fue el caso de Leo Messi, siempre agitador, siempre preparado para acaparar la atención. [Narración y estadísticas (3-1)]

Bien. El escaso público que desafió un telón de lluvia y se acercó al Camp Nou abucheó con ímpetu esa pancarta indescifrable -Diálogo, Respeto, Deporte- que había pactado el Barça con la UEFA para intervenir, a su manera, en la escaramuza política. Y justo cuando el Barcelona inauguraba el marcador, tras ese minuto 17 en el que se grita por la independencia de Cataluña, el Camp Nou se desentendió de la celebración y miró de frente a su propio palco. Allí donde habitan algunos de sus enemigos. Y pidió la salida de prisión de los líderes de la ANC y Òmnium, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Lo dicho, el fútbol era lo de menos.

Que se lo digan a ese par de aficionados orientales, con su kit azulgrana incorporado, que celebraron como si no hubiera mañana que la cámara reparara en ellos. Eso sí, en el mismo instante en que Gerard Piqué -una jornada más en su mundo- era expulsado por marcar un gol con la mano. La primera amarilla se la había ganado también con justicia tras una tarascada en el amanecer a Odjidja. Al central le urge más recuperar la concentración que la forma.

Falta de chispa y nervio

Pero volvamos al motivo de esta crónica. El Barcelona se jugaba allanar definitivamente el paso hacia los octavos de final de la Champions. Su clasificación, pese a no ser matemática, ya no debería correr peligro alguno. Este Olympiacos crepuscular, quinto en la liga griega -poco menos que una infamia para el campeón heleno-, sólo podía opositar a salvar la cara.

Y bien que lo consiguieron durante un buen rato los griegos ante el cachazudo juego de un Barcelona que, más allá de jugar todo el segundo tiempo con un hombre menos, carecía de chispa y nervio. Los futbolistas azulgranas, viendo el engorro que suponía meter mano a un Olympiacos con los 11 futbolistas encajonados en los últimos 20 metros, preferían silbar y ver correr las nubes. Ya aparecería Messi para sacarles de semejante tedio.

Y eso que el partido arrancó con cierto brío. Ernesto Valverde revitalizó el once con el ingreso en los carriles de Sergi Roberto y Digne -éste por la baja por lesión de Jordi Alba-, de Paulinho en el lugar que suele ocupar Rakitic, y de Deulofeu en esa orilla diestra tan preciada. Especialmente activos se mostraron el brasileño y el extremo de Riudarenes.

Quinto gol en propia puerta

Paulinho, inapreciable en la zona ancha, se agigantaba cada vez que se disponía a atacar el área. Mientras que Deulofeu torturó durante todo el primer acto a Koutris, incapaz de oponer resistencia al centro que desembocaría en el gol inaugural. El jovencito central de 19 años Nikolaou, muy mal perfilado para el despeje, sólo acertó a introducirse la pelota en su portería. La estadística no deja de ser curiosa. Ya son cinco los tantos en propia meta que ha celebrado el Barcelona esta temporada.

El gol hizo tambalearse al Olympiacos. Lo vio Iniesta, que templó la pelota con dulzura hacia la cabeza de Paulinho. El portero Proto salió a destiempo, aunque pudo respirar aliviado al ver cómo el balón se estrellaba en el larguero.

A quien costaba la vida engancharse al encuentro era a Luis Suárez, con un solo tanto en sus 11 últimos partidos de Liga de Campeones. Aunque quien más se desesperó esta vez fue Piqué, expulsado a tres minutos del final del primer tiempo y que obligaba a Valverde a un cambio que habla del pragmatismo del técnico. Mascherano por Deulofeu. Fuera que al Olympiacos le diera por animarse. Algo que, por supuesto, no sucedió.

No lo iba a permitir Messi. El argentino se había pasado 45 minutos en Babia. Qué más da. La sombra del argentino acabaría por ocupar la gigantesca estepa del Camp Nou. Tomó el balón del golpe franco que debía proporcionarle su gol 100 en competiciones europeas con la confianza del inmortal. Todo lo contrario que Proto, batido incluso antes de que el cuero pasara por encima de la barrera.

Envalentonado Messi, se recreó en el quiebro y abrió la puerta de los cielos a Digne para la sentencia. Los cambios volvieron a templar la noche. Un espontáneo fue reducido en la misma línea de banda mientras trataba de asaltar el campo. Nikolaou enmendó su error inicial con el tanto de la honra. Y los futbolistas se fueron a dormir entre gritos de «independencia» y «libertad». La caja de resonancia del Camp Nou.

FUENTE: http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2017/10/18/59e7c540e5fdea63298b466b.html

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